¿Te sumas al reto de la innovación legal?

No es nuestra idea enfocar este artículo al análisis de los retos que está teniendo que afrontar el sector legal en los últimos años, ya que bastante los conocemos y nos hemos familiarizado con ellos. Vamos a enumerar los principales: las dificultades del sector jurídico para que la sociedad en su conjunto entienda y valore su papel, la saturación de la oferta de servicios legales en el mercado, la falta de adaptación de estos servicios a las necesidades reales de empresas y particulares, la inestabilidad política actual, la falta de transparencia de las instituciones, etc.

Para dar solución a la mayoría de estos retos, a quienes suman años de experiencia en el sector y que lo conocen a profundidad, la INNOVACIÓN es posiblemente la mejor respuesta a la mano de la TECNOLOGÍA. Innovación y tecnología, tecnología e innovación. Este es el binomio que ningún jurista puede ya ignorar.

Reto de la innovación legal: distinciones

Antes que nada es importante distinguir entre inventar e innovar. Para lo primero, solo unos pocos están dotados de la capacidad necesaria. Lo segundo, casi todos podemos hacerlo.

Es importante romper con los paradigmas del pasado, que los abogados de la nueva era se adapten, innoven, propongan y ofrezcan más de lo que tiene pensada la academia que debemos ofrecer. La típica imagen del jurista conservador y reacio al cambio se da de bruces con esta constatación. Se aprecia ahora en el mundo una sed de cambio, de evolución, de mejora…y de justicia.

Con este artículo, más toda la información tecnológica, queremos aportar al jurista la ayuda que necesita para construir sus herramientas, idear sus soluciones y llevarlas a cabo. Se acabó hablar de innovación y disrupción. Ha llegado el momento de arremangarse y a ponerse manos a la obra. Innovar se hace desde dentro. Para innovar hay que quererlo.

El Instituto de Innovación Legal en España presenta 4 ejes fundamentales para la innovación tecnológica en la abogacía:

1. Innovación abierta: organización completa de hackathons sectoriales para los distintos colectivos jurídicos, desde el concurso de ideas hasta la creación del prototipo; convocatoria e incubación de start-ups jurídicas.

2. Formación: implementación de un currículum digital que garantice a todos los juristas una correcta formación a las herramientas tecnológicas de uso para su profesión. Es necesario estar actualizado, conocer la tecnología y saber utilizarla, buscar cursos, maestrías, especializaciones de formación jurídica para uso de los tecnólogos y profesionales de IT.

3. Investigación: censo del estado actual de la tecnología en el sector para evitar duplicidades y fomentar el uso de todo aquello que aporta valor al mundo jurídico, estudios de la situación del open data, estudios sobre usos reales, actuales y futuros, de determinados avances tecnológicos y sus impactos, etc.

4. Difusión y networking: relacionarse con otros participantes del sector legal innovadores, que apliquen la tecnología, que nos enseñen y nosotros les enseñemos, que vayamos moviendo esta ola innovadora en todos los rincones del mundo, adaptando nuestra práctica hacia la nueva era legal, tecnológica y de innovación.

Para las antiguas generaciones, conservadoras y con el manual bajo la mano, es normal que vean esta premisa como una locura, pero poco a poco el mismo mercado y el mundo nos van empujando hacia la adaptación de las raíces de nuestra profesión, a la apertura a las alternativas, ofertas y soluciones para nuestros casos, en cualquier área del ámbito legal. Lo importante es la disposición, siempre con el baluarte legal de justicia, para adaptarnos y comenzar a forjar los cimientos de la abogacía en las generaciones futuras.

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